¡ASINTEATE!
Las vidas de las personas trabajadoras, tanto en el norte global como en los llamados países “en vías de desarrollo”, se han transformado en una suerte de cuento de la buena pipita: tras jornadas laborales cada vez más alienantes, el ocio es absorbido por tecnologías diseñadas para distraer y fomentar un consumo constante, orquestado por algoritmos que suprimen el pensamiento crítico. En ese proceso, sin darnos cuenta, entregamos nuestros datos privados como una nueva forma de fuerza de trabajo.
El sistema capitalista necesita apropiarse no solo de la esfera pública, sino también de lo íntimo: nuestras relaciones personales, nuestras emociones, nuestras conversaciones. Su maquinaria se ha acelerado vertiginosamente y, por su propia lógica, no se detendrá salvo para encontrar nuevas formas de acumulación.
La tarea de los comunistas de hoy —entendido este término como todas aquellas teorías y prácticas que rechazan al capitalismo desde una perspectiva de lucha de clases— es encontrar la forma de descender de esta maquinaria sin ser destruidos en el intento. Nuestra misión es imaginar, construir y luchar por una salida que nos devuelva la vida como algo más que un recurso para el capital.
No vamos a vivir otra vida. Y si la hay, es presumible que tampoco tengamos el control sobre ella. La vida que habitamos es esta, aquí y ahora. Cada acto, cada palabra, cada gesto, participa en la construcción —o en el secuestro— del imaginario colectivo.
En un escenario donde la revolución parece inviable y la reforma, insuficiente o demasiado costosa, es urgente parar. Parémoslo todo. Pongámonos a debatir, a pensar, a escuchar y a ser escuchadas. Tal vez, después de largas horas de conversación, apenas lleguemos a la conclusión de que la sanidad pública y la educación deben ser inviolables y su acceso, universal. No importa. No se preocupen por los resultados. El resultado es el propio debate.
Ya hemos ganado al parar. Ya hemos ganado al colectivizar el pensamiento, al ocupar lo público. Quizás lo que más les preocupaba al sistema de los denominados “botellones” no era la salud pública, sino ese germen de ocupación común del espacio y del debate, de las posibles conclusiones e imaginaciones.
FRENTE AL TARDEO PIJO Y CONSUMISTA: ¡FRESQUITO POPULAR, ASINTEATE!


